Los países que son serios en cuanto al cambio climático deben abandonar el Tratado de la Carta de Energía (TCE), dice una ex-funcionaria del TCE

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bilaterals.org | 3 de julio, 2020

Los países que son serios en cuanto al cambio climático deben abandonar el Tratado de la Carta de Energía (TCE), dice una ex-funcionaria del TCE

Yamina Saheb es una analista de políticas relacionadas con el clima y la energía. Fue la Jefa de la Unidad de Eficiencia Energética en el Secretariado del Tratado de la Carta de Energía entre 2018 y 2019

bilaterals.org: Qué es el Tratado de la Carta de Energía (TCE). Cuáles son sus objetivos.

Yamina Saheb: Es un tratado de inversión específico al sector energético. Data de los años noventa y entró en vigor en 1998. Para entenderlo adecuadamente, debemos revisar el contexto de la década de 1990 y la disolución de la Unión Soviética. En ese entonces, Europa Occidental era dependiente en lo relacionado con la energía, en particular de los combustibles fósiles. Nuestros recursos energéticos provenían centralmente de la Unión Soviética. Por tanto el tratado tenia tres objetivos. El primero era asegurar que Europa Occidental tuviera acceso permanente a combustibles fósiles. El segundo era construir un mercado europeo de energía y el tercero era proteger las inversiones de compañías como Total, Shell, BP, y otras, porque los países que emergían del bloque comunista se percibían como lugares sin mecanismos legales que protegieran a los inversionistas extranjeros.

¿Cuáles son los puntos principales relacionados con el Tratado?

El foco principal del tratado son los combustibles fósiles. Se habla de seguridad energética para hacerlo sonar más razonable pero en realidad hablamos de combustible fósiles. Entonces, el tratado protege el suministro de energía, y establece con claridad qué aspectos son vinculantes y cuáles no. Por ejemplo la eficiencia energética, es decir la reducción de la demanda, es algo que se incluye en el tratado, pero toda esta parte relacionada con el ambiente no es vinculante. Yo entré a laborar en el secretariado del TCE porque laboro en la reducción de la demanda y pensé que esa parte era importante. pero es sólo una cortina de humo. Por otro lado, la protección del suministro de energía, independiente de su fuente, es un elemento vinculante. La secretaría está tratando de venderse como neutral en cuanto a la energía pero en realidad no es lo mismo, no hay neutralidad si la fuente de energía proviene del carbón o de las renovables. Las otras partes vinculantes son las relacionadas con el comercio y el tránsito, y la protección de las inversiones a través del arbitraje [también conocido como solución de controversias inversionista-Estado o ISDS, N de ed.], que es en realidad un sistema de justicia paralelo a la justicia a la que tenemos derecho ustedes y yo.

Entonces, ¿puede el tratado obstaculizar la transición a una sociedad libre de fósiles?

De hecho, el tratado protege la electricidad cualquiera que sea su fuente de producción, por lo que las energías renovables están protegidas, pero sólo con respecto a la producción de electricidad. Las energías renovables relacionadas con los sistemas de calefacción están excluidas del tratado. El problema es que la neutralidad del carbono significa claramente el fin de los combustibles fósiles. Europa, por ejemplo, debería ser neutral en carbono para 2033, si la disminución del consumo de combustibles fósiles mantiene el rumbo actual todos los años. Esto implica, para 2020, que ya no deberíamos invertir en combustibles fósiles. No obstante hasta ahora la modernización del tratado no incluye eliminar los combustibles fósiles.

En relación con el ISDS, en este tratado hay algunos casos muy emblemáticos, relacionados con los combustibles fósiles.

Sí, tomemos el caso de Uniper en los Países Bajos. En 2016 algunas empresas invirtieron en una central eléctrica activada con carbón, tras el acuerdo de París. Fue una completa locura. En mi opinión, sólo querían ponerle presión a los Países Bajos y negociar un acuerdo financiero para salir de los combustibles fósiles, como el gobierno holandés hace ahora con otras empresas. Pero en 2016 una inversión en combustibles fósiles era simplemente una mala inversión. Si se hace una mala inversión, nadie compensa al inversionista. Pero con este mecanismo de arbitraje privado, las compensaciones pueden ser enormes, aunque este dinero pudiera ser utilizado por los gobiernos para invertir en los empleos del mañana.

También es interesante el caso de Yukos contra Rusia [a Rusia se le sentenció a pagar más de cincuenta mil millones de euros a los antiguos accionistas de la empresa N de ed.] porque ocurrió luego que Rusia se retiró del tratado, ya que éste contiene una cláusula de supervivencia que protege las inversiones durante los 20 años posteriores de la salida del mismo. A Italia se le demandó 11 veces, incluidas varias tras retirarse del tratado en 2016.

¿Y qué hay de España, que ha sido demandada 47 veces?

España es, en efecto, el país firmante del Tratado de la Carta de Energía que ha salido más perjudicado, por un cambio de política que redujo los incentivos financieros ofrecidos a las empresas que invirtieron en el sector de las energías renovables. La cantidad exigida por los inversionistas para 37 de los casos, (de los que disponemos de información pública), es más de ocho mil millones de euros. En 2019, para poner fin a esta avalancha de demandas en el ISDS, el gobierno promulgó un decreto que restauró los beneficios originales para los inversionistas extranjeros. Pero el decreto sólo se aplica a las empresas extranjeras, lo que no es justo porque las pequeñas y medianas empresas españolas (PYMES) y los inversionistas individuales no reciben un trato similar. Por tanto, los inversionistas nacionales tienen que pagar por los inversionistas extranjeros, pues el país está atrapado por el tratado. Toda esta política de incentivos también es cuestionable y pienso que está mal concebida.

¿Por qué el secretariado quiere modernizar el tratado?

El TCE está en muerte cerebral, por así decirlo. Después de su firma, se creó la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, y la OMC protege el comercio de la energía, aunque no incluye el ISDS. Luego la Unión Europea se amplió e incluyó a los países del antiguo bloque comunista, y firmó otros nuevos acuerdos con Estados no pertenecientes a la UE. Así que el tratado se volvió inútil. Y más aún al retirarse Rusia en 2009. Las reservas de combustibles fósiles están sobre todo en Rusia, lo que explica la dependencia de la UE de ese país. De hecho, los europeos ya no estaban interesados en este tratado y ni siquiera venían a las reuniones cuando me incorporé al secretariado.

¿Qué es exactamente lo que quieren modernizar?

El proceso comenzó realmente en 2009 cuando la secretaría dio un primer paso, bastante agresivo, para extender el tratado a otros países con reservas de combustibles fósiles. Y por supuesto, los europeos pensaron de inmediato en África. Ahora existe una asociación con la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), salvo que el texto de la CEDEAO excluye el ISDS, lo que técnicamente impide que estos países se unan al tratado.

Sin embargo, el secretariado está trabajando con ellos para preparar su adhesión. Por otra parte, Uganda estuvo cerca de adherirse al tratado, pero al final la Unión Europea bloqueó la expansión del tratado hasta que el proceso de modernización del texto hubiera finalizado, y algunas ONG europeas y ugandesas también presionan para detener el proceso. Pakistán había completado sus informes de adhesión hace unos diez años pero nunca se adhirió al tratado a pesar de los esfuerzos del secretariado, que es el único que sigue creyendo que podría suceder. Según el secretario general, China también ratificará el tratado pero, de hecho, China no está particularmente interesada porque tiene otros medios de influencia, en África por ejemplo. Al final, el proceso de expansión no avanza mucho y sólo Yemen y Jordania ratificaron el tratado en 2018.

¿Qué hay de la modernización del texto?

En diciembre de 2018, los países firmantes acordaron los artículos del tratado que estarían abiertos a la negociación para modernizar el texto. Sólo hay un artículo que menciona la eliminación de los combustibles fósiles. Y en el documento de la Unión Europea para la modernización, publicado en mayo pasado, la Comisión dice que hará una propuesta sobre este artículo más tarde, cuando las discusiones empiecen realmente el 6 de julio [2020]. En mi opinión, no existe un acuerdo entre los Estados miembros de la UE para eliminar los combustibles fósiles. Eso es una tontería. Los combustibles fósiles ya no deben protegerse porque eso también implica proteger las emisiones de carbono.

Qué espera usted del proceso de modernización

No hay absolutamente nada que esperar. En primer lugar, el tratado incluye a los Estados del Espacio Económico Europeo que intentan abandonar los combustibles fósiles, y a otros Estados, bastante pobres, que viven de los combustibles fósiles, como Azerbaiyán, Mongolia, Uzbekistán, etcétera. No podemos ir a estos países y decirles: “¡Ahora dejen de usar combustibles fósiles!” Japón tampoco tiene intención de dejar de utilizar combustibles fósiles. Japón es el país de la OCDE que más ha invertido en carbón en el extranjero. La segunda razón es el ISDS. La Unión Europea propone un modelo reformado del ISDS, la Corte de Inversiones Multilaterales. No importa lo que uno piense de esta corte, la UE está en el proceso de alejarse del viejo mecanismo del ISDS. Por otro lado, los países de la Unión Económica Euroasiática han copiado y pegado el ISDS de los años 90 en sus acuerdos. Japón también está en contra de este tribunal y está a favor de un debate dentro de Naciones Unidas, donde tiene el apoyo de Estados Unidos. Japón también reprendió a la UE cuando incluyó el ISDS en su propuesta de mayo, porque el ISDS no está entre los artículos abiertos a la negociación. La UE y Japón son en realidad los dos polos principales de las negociaciones, y todo dependerá de ellos. Al final, estamos lidiando entre dos mundos completamente diferentes, ya sea para la transición energética o con el ISDS.

Entonces, ¿cuál sería la alternativa más sensata en relación con el cambio climático?

La única cosa razonable es salir del tratado. La Comisión Europea ha dicho que si la renegociación no va en su dirección, reconsiderará su posición. Lo que le dije a la Comisión fue que era una pérdida de tiempo y de dinero público. Los Estados europeos deben salir del tratado y hacer un acuerdo entre ellos para cancelar la cláusula de supervivencia y que no haya más casos nuevos de ISDS. De lo contrario, será una verdadera barrera para nuestras políticas climáticas.

Por último, algunos bufetes de abogados argumentan que los inversionistas en energía podrían demandar a los Estados en virtud del mecanismo ISDS del TCE, por las medidas adoptadas para luchar contra la pandemia Covid-19, que han tenido un impacto negativo en la actividad económica. ¿Cree usted que este escenario es plausible?

Sí, lo creo. Estamos hablando de grandes sumas de dinero. Los costos legales ascienden a varios millones de euros y las compensaciones son también enormes, incluso sin garantizar que los inversionistas ganen. No veo ninguna razón por la que los inversionistas y los bufetes privados se molesten. Es la forma en que se ganan la vida.

Fuente: bilaterals.org